¿Cómo vas de resiliencia? (y II)

flor pintada con el pieLa resiliencia, como explicamos en el post anterior, no es un rasgo de personalidad que se tiene o no se tiene, ni una característica que, una vez desarrollada, permanezca inmutable y absoluta para siempre. Esta capacidad humana es el resultado de un proceso dinámico basado en la interacción de factores personales (capacidad de afrontamiento del estrés, locus de control, etc.) y contextuales (apoyo social, educación recibida, traumas vividos…).

Así pues, es posible construir y reforzar aspectos resilientes, ya sea intentando seguir determinadas pautas por nosotros mismos o buscando la ayuda y supervisión de un psicólogo.

Algunas pautas que podemos intentar seguir sin la ayuda de un profesional

Podemos potenciar la capacidad de resistir y superar los traumas, dedicando tiempo y esfuerzo a seguir las siguientes indicaciones:

• Deja de ver las crisis como fuertes inconvenientes e intenta verlas como una oportunidad. Para muchas personas el hablar de crecimiento personal (ganancia) después de un trauma es algo totalmente inaceptable, porque ¿cómo se puede ganar después de una pérdida? (pérdida de vidas, salud, capacidades, etc.). Lo cierto es que, evolutivamente, la lucha por la supervivencia ha provocado que la especie humana haya seleccionado mecanismos de adaptación a acontecimientos desagradables, que comportan tanto pérdidas como beneficios. Si, cuando pasamos por un trauma, lo dejamos de ver sólo como un obstáculo y pasamos a interpretarlo también como una oportunidad para madurar y fortalecernos, cambiaremos la manera de interpretar las adversidades presentes y futuras y, por lo tanto, nuestra reacción ante éstas se volverá más positiva.

• Aprovecha los traumas y los momentos de crisis para descubrir qué recursos personales te están ayudando a resistir e, incluso, a crecer psicológicamente. Puede que, superado un trauma, te des cuenta de que te ha aumentado la autoestima, han mejorado tus dotes comunicativas y tus relaciones sociales, valoras más lo que tienes o sientes que tienes más capacidad de amar a las personas de tu entorno. Una vez seas consciente de qué es aquello que ha mejorado, reflexiona sobre las actividades, conductas, actitudes, creencias que utilizaste como estrategias para superar el trauma y crecer como persona. Intenta reflexionar sobre éstas para tenerlas siempre presentes y potenciarlas, pues son recursos que, sin duda, te ayudan a ser más resiliente.

• Mejora y cultiva las relaciones sociales. Aunque quizás seas una persona solitaria, o consideras que no necesitas los estímulos de la vida social en tu día a día, piensa que es importante establecer y mantener relaciones de calidad con familiares, amigos, compañeros de trabajo y otras personas de nuestro entorno. El tener una buena red social propicia que, en momentos de crisis, uno sea más resiliente. Y es que, el sentir el soporte de los demás, hace que tengamos más emociones positivas que compensan el fuerte malestar que nos provoca el trauma o acontecimiento negativo.

Ayuda a los demás. Puedes, incluso, hacerte voluntario de alguna asociación en la que te necesiten. El ayudar a los demás da muchas gratificaciones y produce un aumento en la satisfacción vital y en la sensación de esperanza.

• Ante una adversidad, intenta discriminar aquello que sí puedes controlar de aquello cuyo control no está en tus manos, para centrarte solamente en lo primero. Es decir, si se da un acontecimiento negativo que hace que no puedas alcanzar los objetivos que te habías marcado en la vida y que tanto anhelabas, acepta las circunstancias que no puedes cambiar. Esto te permitirá amplificar tu visión ante el problema y tomar nuevas perspectivas, de manera que pasarás a centrar tu atención y eficacia en aquello que sí puedes controlar, y por lo tanto cambiar, para salir airoso de la situación. El superar las circunstancias adversas, a su vez, provocará que aumente la confianza en ti mismo ante futuras crisis.

• Es importante ser optimista para que, en el caso que se den acontecimientos traumáticos, seas capaz de tener la confianza de que las cosas irán bien. Intenta hacer el siguiente ejercicio de visualización de manera repetitiva: visualiza tus metas, lo que quieres conseguir en la vida, sin pensar en los miedos o preocupaciones que asocias a éstas metas. Pongamos un ejemplo. Imaginemos que te estás preparando para ser actor de teatro. Vas persiguiendo tu proyecto personal pero, al mismo tiempo, anticipas que, cuando finalmente logres tu objetivo, todo saldrá mal: subirás al escenario, verás las caras de toda una aglomeración de gente mirándote fijamente, olvidarás el guión, te quedarás sin habla y el público te abucheará. Y es que estos miedos, surgidos de una actitud pesimista, te generan emociones muy negativas y una gran desconfianza en ti mismo. En este caso, el ejercicio de visualización se basaría, por ejemplo, en levantarte cada día imaginado que por fin has cumplido tu sueño y que todo ha ido bien: actúas encima del escenario, recuerdas el guión a la perfección, haces una muy buena interpretación, y el público se levanta y te aplaude con fervor. En cualquier caso, algún día trataremos en este blog el tema del optimismo con más detalle.

• Busca actividades, realizables con cierta frecuencia, que te aporten bienestar, relajación y que respondan a tus deseos y necesidades. Con estas actividades se favorece el experimentar emociones positivas, recurso que promueve el desarrollo del proceso resiliente. Además, si cuidas de tu cuerpo (y tu mente como parte de éste), cuando vengan situaciones difíciles, estarás mucho más preparado para superarlas que si te encuentras en un estado de salud (física y mental) indeseable.

• Intenta relativizar los problemas y visualizar los malos momentos con perspectiva. No hace falta (ni tampoco conviene) negar las emociones negativas. Se trata de evitar magnificar los acontecimientos y no dejarnos llevar por personas de nuestro entorno que tienden a dramatizar. En nuestra sociedad occidental, tenemos muchas ideas preconcebidas en relación a cómo reaccionan las personas ante situaciones adversas. Estas ideas están basadas en prejuicios y estereotipos y no en datos comprobados empíricamente que, en realidad, demuestran que existe una gran variabilidad interpersonal. Por ejemplo, una idea muy extendida es que la depresión y la desesperación “apasionada” son inevitables ante la muerte de seres queridos. Si nosotros o personas de nuestro entorno tenemos esta creencia, es mucho más probable que caigamos en una depresión, o que no seamos capaces de superar la muerte de nuestro ser querido y salir de esta situación tan adversa fortalecidos psicológicamente.

• Aunque te hayas marcado algún objetivo a largo plazo, ponte también metas realistas, pequeñas, concretas y alcanzables a corto plazo. De esta manera, te aseguras el logro de éstas en tu día a día y, consecuentemente, aumentas la percepción de que estás alcanzando aquello que quieres en la vida gracias a tus capacidades y perseverancia y no gracias a la suerte o a factores externos. Así, sentirás que eres tú quien controla tu vida (y no a la inversa) y estarás más preparado cuando venga un acontecimiento negativo: al confiar más en ti y tus capacidades, serás más resolutivo afrontando la situación y también mantendrás más fácilmente la esperanza en el futuro.

Cuándo visitar a un psicólogo

Es necesario tener muy presente que, en el caso de que estemos sufriendo un trastorno mental o tengamos un problema psicológico más o menos grave, lo más conveniente es, antes que nada, tratar este problema con la ayuda de los profesionales que más preparados estén para ello (psicólogos y/o psiquiatras). No sirve de mucho esforzarnos por seguir las indicaciones dadas si tenemos un trastorno depresivo, sintomatología ansiosa grave, etc., pues, en estos casos, es evidente que tenemos que priorizar el minimizar los síntomas que nos provocan este fuerte malestar antes que intentar mejorar nuestra resiliencia. No podemos empezar la casa por el tejado. De todos modos, muchas de las intervenciones profesionales dirigidas a paliar los trastornos psicológicos, implícitamente, incluyen tareas terapéuticas que ayudan a desarrollar el proceso resiliente.

Por otra parte, puede ser que, teniendo una salud mental relativamente buena, intentemos seguir las pautas comentadas y no logremos más resiliencia. Y es que estas indicaciones son generales y obvian el hecho de que cada individuo tiene sus características personales y su propia historia vital, aspectos que deberían tenerse en cuenta. Si quieres reforzar tus aspectos resilientes y tú sólo, o con la ayuda de las personas de tu entorno, no lo logras, siempre puedes visitar a un psicólogo formado en la materia que pondrá en marcha una intervención personalizada.

Publicado en Bienestar Psicológico, Psicología Positiva | Etiquetado , , , , | 3 comentarios

¿Cómo vas de resiliencia? (I)

planta resistiendo condiciones adversas

Stephen Hawking, Victor Frankl o María de Villota son ejemplos de personas resilientes. ¿Qué tienen en común?

El científico británico, casi totalmente paralítico, ha comentado en numerosas entrevistas que vive una existencia maravillosa, que es muy feliz. Victor Frankl, neurólogo y psiquiatra que fue confinado a campos de concentración nazis, encontró la fuerza para dar sentido a su existencia a pesar del trauma que estaba viviendo. María de Villota, piloto española de Fórmula Uno que perdió un ojo debido a un accidente el pasado 3 de julio, recientemente afirmaba que, aunque lo pasó muy mal cuando le dieron la noticia porque sabía que necesitaba los dos ojos para conducir, se había dado cuenta de que ahora podía ver más que antes, pues era capaz de discriminar qué era lo más importante en su vida y estaba segura de que lo mejor estaba por venir.

Con estos ejemplos podemos ya tener una idea sobre qué es la resiliencia. La resiliencia es la capacidad que tienen algunas personas de resistir las situaciones traumáticas o condiciones de vida difíciles y, además, salir fortalecidas de éstas. En estas personas la experiencia del trauma sufrido, asimilado y aceptado, no les hace más infelices. Al contrario, descubren recursos propios que permanecían latentes en sus mentes y que ahora empiezan a utilizar, viendo nuevas oportunidades para el crecimiento personal y el bienestar psicológico. Es decir, a diferencia de otras personas que desarrollan sintomatología ansiosa o depresiva después de las adversidades, las resilientes se sobreponen e, incluso, salen beneficiadas. Esto no significa que estas personas no sientan el dolor ni se estresen pues, como cualquier otro individuo, también sufren. Sin embargo, equilibran rápidamente sus emociones, se recuperan, aprenden de la mala experiencia, y reconstruyen a partir de ésta su sistema de valores y su manera de entender el mundo. Es como si se diera un crecimiento personal acelerado y el pedal del acelerador, pisado con gran esfuerzo debido a su su dureza, fuese la misma experiencia traumática. Gracias a este fortalecimiento personal, la persona resiliente está más preparada para afrontar y superar nuevos traumas futuros con éxito.

Durante mucho tiempo, se consideraron las respuestas de resiliencia como raras o patológicas por los expertos. Sin embargo, actualmente, después de muchos estudios científicos, se considera que es una respuesta común y su manifestación, lejos de indicar una patología, es sinónimo de adaptación saludable a los traumas y adversidades. De hecho, conocemos a muchas personas resilientes, entre las cuales están las tres que hemos nombrado, pero también personas que han sobrevivido a accidentes, atentados terroristas o catástrofes naturales, que sienten que la vida les ha dado una segunda oportunidad; mujeres divorciadas e inmigrantes con hijos a su cargo, que tienen múltiples trabajos mal remunerados y, aún así, una gran alegría de vivir; personas con diferentes enfermedades degenerativas, que afirman haber descubierto nuevas capacidades que les permiten exprimir lo que les queda de vida felizmente; personas que han perdido a sus familiares más cercanos y tienen una actitud vital positiva, etc.

¿Qué características de personalidad tienen las personas resilientes?

Para empezar, tienen un mayor locus de control interno para los propios éxitos, lo que implica que los atribuyen a capacidades y habilidades internas (inteligencia, constancia, etc.) y no a factores externos (la buena suerte, los demás, etc.). Consecuentemente, sienten que pueden controlar los acontecimientos. Además, en el caso de circunstancias desfavorables que no pueden cambiar, se adaptan a éstas con la percepción de que forman parte de la vida. También son optimistas, es decir, tienen la confianza de que las cosas les irán bien y sienten que en el futuro serán capaces de superar las dificultades con las que se encuentren.

Asimismo, son personas con una gran capacidad de gestionar las emociones, lo que no implica la negación de éstas sino el tener la habilidad para poder regularlas de manera equilibrada. Así pues, ante las adversidades y los momentos de gran tensión, aunque sienten emociones negativas, logran centrarse en el problema para buscar soluciones de manera efectiva y evitan ser impulsivas. También tienen mucha empatía y la muestran, es decir, comprenden las emociones y la visión de los demás y así lo hacen saber.

Por otra parte, son personas que confían en sí mismas, en sus habilidades y su capacidad de relacionarse socialmente, manteniendo unos vínculos basados en el compromiso y la falta de recelo. También se caracterizan por ayudar a los demás y no esconder la manera de ser (defienden el “ser uno mismo”).

¿Se puede lograr ser resiliente?

Hay personas que no logran desarrollar resiliencia en toda su vida. Otras veces la resiliencia se va deteriorando debido a un exceso de traumas y experiencias desfavorables que superan la condición humana. Al contrario, en otros casos, la persona va construyendo y reforzando sus aspectos resilientes al largo de toda su vida.

Y es que, aunque se suele hablar de “personas resilientes” o “personas no resilientes”, la resiliencia no es un rasgo fijo de personalidad, no es algo estático que se tiene o no se tiene, no es innata. Esta cualidad humana positiva es el resultado de un proceso de aprendizaje vital, dinámico y evolutivo, que puede ir variando en función del contexto, los traumas vividos y las características personales. Es decir, es el resultado de la interacción entre las características biológicas de la persona y su entorno.

En definitiva, podemos afirmar que es posible desarrollar nuestra resiliencia y, en caso de que esta capacidad ya se esté manifestando, podemos reforzarla para que siempre esté en reconstrucción. Dejamos pendientes estos aspectos para un nuevo post sobre esta cualidad humana, cuyo estudio está acabando con la tiranía que nos impone la creencia de que el ser humano es vulnerable por naturaleza.

Publicado en Bienestar Psicológico, Psicología Positiva | Etiquetado , , , , | 17 comentarios

Anorexia nerviosa: ¿Comer? No es que no quiera, es que no puedo

anorexia: no puedo comer, me da miedo engordar
Muchas veces intentamos ayudar a las personas que más queremos con toda la buena intención del mundo y, por falta de información, aplicamos soluciones que no se traducen en mejoría, al contrario. Y es normal. Es imposible saberlo todo y acertar siempre. No nos tenemos que culpabilizar por ello.

En el caso de la anorexia nerviosa (AN), esto ocurre con frecuencia. Nos damos cuenta de que nuestra amiga se ha adelgazado repentinamente y le decimos lo delgadísima que está, pasando a hacerle un interrogatorio de tercer grado en relación a su peso, su dieta, etc. Vemos cómo nuestra hija se niega a comer y, ante la preocupación que nos causa su imagen extremadamente flaca, la presionamos para que lo haga, llegando a discutir y a repetirse estas disputas día tras día sin verse ninguna mejora…

Y es que estas situaciones, lejos de ayudar a la persona afectada de AN, lo que hacen es mantener o agravar el problema: sigue adelgazando más y más ante nuestra mirada impotente. Vemos cómo cada vez come menos, cómo intensifica el ejercicio y las actividades mentales e incluso, en algunas ocasiones, cómo se va al lavabo después de cada comida aunque haya ingerido cantidades ridículas.

¿Por qué se crean estas dinámicas que no solucionan el problema?

Esto ocurre porque, ante una persona con este problema, se tiende a prestar solamente atención a la acusada pérdida de peso, la repercusión de ésta sobre la imagen corporal y los comportamientos ante la comida.

Aunque el cuerpo salga muy malparado, tenemos que recordar que la AN no es un trastorno físico: es psíquico. No es una manía temporal que se pasa con la edad, no es un capricho: es un trastorno grave y, como tal, necesita un buen tratamiento. El peso, la imagen y la comida son el centro de las obsesiones de las personas afectadas por AN y aquello que más ansiedad y malestar les provoca. Basan su autoaceptación y autoestima principalmente en su imagen (si sienten que tienen algún kilo de más se infravaloran exageradamente), tienen terror a volverse “gordas” incluso estando delgadas y, por lo tanto, pasan a controlar la comida con la intención de comer lo menos posible para ir adelgazando.

Lo paradójico del caso es que a medida que van adelgazando más y más, en lugar de verse más delgadas, se ven más “gordas”. Nos viene a la cabeza la típica imagen de la chica en infrapeso severo que se está mirando al espejo y se ve obesa. Es lo que se llama distorsión del esquema corporal o, dicho de otro modo, alteración de la percepción de la silueta. Este fenómeno, que se puede dar en mayor o menor medida, es debido a la desnutrición cerebral a la que se ha llegado como consecuencia de la inanición. Siguiendo la paradoja, cuando la persona empieza el tratamiento, y con éste la renutrición, a medida que va recuperando el peso se va viendo mejor, más delgada.

Con todo esto, podemos ser conscientes de cómo es el mundo de la persona con AN: todo gira alrededor del control de la comida, la imagen y el peso. Por lo tanto, si intentamos acercarnos a ella a únicamente a través de sus obsesiones, relacionadas con estos tres aspectos, no conseguiremos nada. Todo lo contrario, se crearán resistencias y situaciones en las que la persona afectada sentirá que la madre es su enemiga número uno por obligarla a comer, la amiga su enemiga número dos por interferir en el proceso de adelgazamiento que tanto necesita seguir para sentirse aceptada y perfecta, etc.

Cuando alguien está muy obsesionado y no es consciente de ello, los razonamientos pueden llegar a ser contraproducentes. Y es que, con éstos, la persona puede interpretar incluso que se le quita libertad de acción, de manera que puede llegar a negar tajantemente que tenga un problema.

Entonces, ¿cómo acercarnos a la persona afectada para ayudarla?

Para empezar, haremos un gran esfuerzo por no hablar excesivamente de su físico, peso, imagen corporal ni tampoco de la comida. En todo caso, si le hablamos de estos aspectos, lo haremos con tranquilidad, mostrando comprensión y evitando las discusiones.

Además, incidiremos en la sintomatología asociada:

  • Cambios en el estado de ánimo. Lo más frecuente es que a medida que se pierde peso, la persona se vuelva mas irritable y/o triste y llore con más frecuencia que antes.
  • La persona afectada, evitando con escusas las comidas con amigos y familiares, se va aislando progresivamente de su entorno social.
  • La ansiedad aparece ya desde el principio, debido al miedo a ganar peso, la valoración que los demás hagan de su cuerpo y la pérdida acusada de autoestima que, ya de por sí, es bajísima.

Así pues, podemos acercarnos a nuestra hijo/a, hermano/a, amigo/a, mostrándole una preocupación sincera por su tristeza, irritabilidad, aislamiento… pero sin que se sienta culpable ni juzgado/a. Nos acercaremos a la persona a partir de las emociones y desde la empatía, nunca a partir de la razón. No le diremos que tiene que comer para tener energías para estudiar o trabajar, ni que se mire al espejo para que vea lo delgada que está. Por ejemplo, en lugar de espetarle: “¡Con lo alegre que eras antes! ¡Ahora siempre estás enfadada y encerrada en tu cuarto! ¿Dónde está mi hija cariñosa?”, le podemos comentar : “Tu padre, tus hermanos y yo estamos preocupados por ti. Últimamente te vemos triste, pensativa y notamos que prefieres estar sola. Sabes que te queremos mucho y nos gustaría poder ayudarte”.

Las palabras deben ir acompañadas de una expresión no verbal también empática y afectuosa. Si nos cuenta qué le ocurre, abriéndonos la puerta a todas sus angustias y obsesiones, debemos escucharla poniéndonos en su lugar, e intentando comprender lo que está sufriendo y el porqué, pese a que no lo compartamos. Se trata de que vea que en nosotros tiene un soporte donde agarrarse para salir del pozo en el que se encuentra metida. Además, reforzaremos el hecho de que nos lo haya contado, reconociendo que para ella habrá sido muy difícil dar este gran paso.

Si, por el contrario, se da el caso de que quita importancia a la situación y manifiesta un fuerte hermetismo, le podemos decir, sin alterarnos pero con determinación, que creemos que puede tener problemas con la comida y que quizás se trata de un trastorno de la conducta alimentaria (TCA). No es cuestión de imponerle lo que pensamos de manera autoritaria, sino de explicarle aquello que hemos observado que nos lleva a pensar en un posible TCA. Evitaremos que se sienta controlada y le propondremos diferentes opciones, afirmando que nosotros le daremos soporte y la ayudaremos escoja la alternativa que escoja. Algunas de estas opciones podrían ser acudir a un psicólogo especialista en estos trastornos para que la informe, a un médico nutricionista o a alguna asociación que se dedique a la acogida y acompañamiento de personas afectadas y sus familiares. En el caso de que sea menor de edad, la llevaremos nosotros mismos manteniéndonos firmes en nuestra decisión.

Si, aún intentando que ella coja las riendas de la situación y se responsabilice de su mejora, vemos que no toma la iniciativa, podemos dirigirnos nosotros mismos a un centro especialista en TCA para que nos orienten en relación a las pautas a seguir para conseguir que la persona afectada empiece un tratamiento. Una vez esté en manos de buenos profesionales y haya iniciado la terapia, nosotros como amigos o familiares ya podremos disponer de unas buenas pautas (diferentes en función de la edad) para poder relacionarnos con ella de la manera más beneficiosa posible. Y es que no somos culpables de que nuestro familiar o amigo/a tenga AN, nuestra actuación no lo curará porque no le haremos de terapeuta (no debemos hacerlo), pero sí que está en nuestras manos el colaborar e implicarnos en su mejora para intentar que esta sea más llevadera y fácil.

En definitiva…

Si sospechamos que nuestra hija, amigo, etc., tiene AN no es cuestión de alarmarse pensando que no hay remedio ni vuelta atrás, pues se trata de un trastorno que tiene cura en un alto porcentaje de casos. En concreto, según las investigaciones epidemiológicas realizadas a escala internacional, un 48% de las personas afectadas se curan totalmente y un 29,1% mejoran. También hay que tener en cuenta, sin embargo, que es un trastorno que puede, en casos extremos, causar muerte por inanición. Por lo tanto, no le quitéis importancia al problema por muy inteligente y razonadora que veáis a la persona afectada. Cuanto antes os pongáis en marcha, favoreciendo un diagnóstico y tratamiento precoz, mejor será el pronóstico.

Publicado en Trastornos de la Conducta Alimentaria | Etiquetado , , , , | 3 comentarios

Combate el perfeccionismo

intento de llegar a la perfección¿Eres excesivamente perfeccionista? ¿Quién no conoce al estudiante que se siente insatisfecho y triste por haber sacado un notable en lugar de un sobresaliente? ¿Quién no conoce a la trabajadora que repite su tarea reiteradamente, invirtiendo el tiempo que haga falta aunque le vaya la vida en ello, hasta reconocer que ha salido “más o menos” bien?

La persona con un perfil de personalidad perfeccionista está constantemente buscando la aprobación de los demás, muchas veces sin ser consciente de ello. Esta necesidad de aceptación provoca un gran malestar a muchas (no todas) de las personas con este perfil, ya que intentan llegar a la excelencia en su rol de padre, amigo, trabajador o hijo, bajo la creencia irracional de que este esfuerzo es necesario para ser aceptado y querido. A su vez, exigen la perfección a las personas de su alrededor. Así pues, tienen unas expectativas tan altas que el cumplirlas se hace difícil, por no decir imposible, de manera que sienten que fracasan continuamente. Este sentimiento de fracaso, de no alcanzar la perfección, puede provocar gran insatisfacción, inseguridad e, incluso, ansiedad.

Ventajas e inconvenientes de tener este perfil

Las personas que tienen este perfil de personalidad son muy prudentes y piensan bastante lo que van a decir o hacer, sin ser nada impulsivas. Además son responsables, perseverantes ante las dificultades e intentan hacer las cosas muy bien, de manera que se convierten en excelentes trabajadores para determinadas empresas, en padres “diez», en parejas comprometidas y amigos incondicionales.

Sin embargo, en contrapartida, se pueden bloquear ante los imprevistos mostrando una fuerte rigidez y dificultades de adaptación. Además, les cuesta delegar responsabilidades, de manera que asumen tareas que no les corresponde, lo que puede crear conflictos.

Regulación del perfeccionismo

Para gestionar tu tendencia perfeccionista de manera que no interfiera en tu vida, puedes probar a seguir alguna de estas pautas:

  • Analiza tu perfeccionismo: busca las creencias irracionales que hay subyacentes y cuestiónalas. Por ejemplo, si te das cuenta que buscas la aprobación de los demás a través de mostrarte perfecto, pregúntate qué valor tiene realmente para la gente de tu alrededor el que tú seas tan exigente. ¿Realmente te quieren por tu búsqueda de la perfección? ¿O te quieren porque eres cariñoso, generoso, amable, comprensivo…? (busca las virtudes que hacen que los demás te valoren)
  • Analiza qué ha contribuido a tu perfeccionismo: ¿Has sido recompensado por ser perfeccionista? ¿Has sido castigado por cometer errores o por no hacer las cosas del todo bien? ¿Has acabado imitando a personas de tu alrededor que tienen un estilo de personalidad perfeccionista?
  • Introduce en tus tareas diarias pequeños errores y analiza, a continuación, qué efectos tiene el no ser perfecto. No se trata de hacerlo todo mal, sino de no intentar hacerlo todo perfecto y evaluar las consecuencias a través de las evidencias… ¿Las personas de tu alrededor han dejado de valorarte o quererte?
  • Márcate objetivos realistas: no te dejes llevar por expectativas que no se van a cumplir.
  • Cambia tus hábitos de comparación: deja de compararte con referentes y modelos de conducta irreales. Deja también de compararte sólo cuando las cosas te salen mal.
  • Intenta ser más espontáneo: haz un regalo sorpresa a tu pareja, no pienses tanto antes de decir las cosas, déjate llevar por las emociones alguna vez…

En definitiva, entrenándote puedes gestionar de manera positiva tu tendencia al perfeccionismo, potenciando tus habilidades sin llegar a sentir la presión que la búsqueda de la aprobación de los demás puede llegar a generarte.

Y el consejo que nunca me cansaré de repetir: si intentas rebajar la tendencia perfeccionista y no lo consigues, creándote ésta un fuerte malestar, siempre hay profesionales que te pueden ayudar a través de una intervención psicológica que se adapte a tus necesidades.

Publicado en Personalidad | Etiquetado , , | Deja un comentario

El mito de la media naranja (y II): ¿Qué hacer para sentirse naranja entera?

dos naranjas enteras y enamoradasSi tiendes a depender de tu pareja es muy probable que tengas la autoestima muy baja. Es importante que trabajes la autoaceptación, valorándote más por ti mismo, con tus virtudes y tus defectos. Busca tus fortalezas y poténcialas.

Puede ayudarte el pensar que si haces que tu satisfacción vital dependa de tu pareja, es probable que ésta sienta que el compromiso es una cárcel, de manera que las “estrategias” que, muchas veces sin darte cuenta, utilizas para mantenerla a tu lado se pueden volver en tu contra de la noche a la mañana.

Para llegar a convencerte de que puedes autorrealizarte con el soporte de tu pareja pero sin necesitarla, a parte de tener proyectos de vida en común con ella, busca incentivos y proyectos que puedas realizar individualmente o con otras personas. Es decir, se trata de buscar actividades que, aunque no las hagas con tu pareja, te motiven y te den gratificaciones. Hazlo de manera progresiva y gradual, sin presionarte demasiado por hacerlo bien: date tiempo. Es muy probable que al principio te cueste, pero verás como el esfuerzo y la constancia valen la pena. Al sentirte bien haciendo cosas por tu cuenta, tu creencia de la necesidad del otro empezará a cambiar.

Sin embargo, puede pasar que continúes sintiéndote enganchado a tu pareja, a pesar de las ganas de ser más independiente y de los intentos de seguir tus propios proyectos. Sin quererlo, te ves realizando todas las actividades que te habías marcado sin quitártela de la cabeza, sintiendo la necesidad de estar con ella o pensando que te gustaría saber dónde está, con quién está, que está haciendo…. Si te cuesta adquirir seguridad personal y ves que tu dependencia interfiere en tu vida dándote un fuerte malestar, siempre puedes contar con un profesional que te ayude mediante una intervención adaptada a tu caso particular.

Publicado en Relación de pareja | Etiquetado , , , , | 1 comentario