¿Cómo vas de resiliencia? (y II)

flor pintada con el pieLa resiliencia, como explicamos en el post anterior, no es un rasgo de personalidad que se tiene o no se tiene, ni una característica que, una vez desarrollada, permanezca inmutable y absoluta para siempre. Esta capacidad humana es el resultado de un proceso dinámico basado en la interacción de factores personales (capacidad de afrontamiento del estrés, locus de control, etc.) y contextuales (apoyo social, educación recibida, traumas vividos…).

Así pues, es posible construir y reforzar aspectos resilientes, ya sea intentando seguir determinadas pautas por nosotros mismos o buscando la ayuda y supervisión de un psicólogo.

Algunas pautas que podemos intentar seguir sin la ayuda de un profesional

Podemos potenciar la capacidad de resistir y superar los traumas, dedicando tiempo y esfuerzo a seguir las siguientes indicaciones:

• Deja de ver las crisis como fuertes inconvenientes e intenta verlas como una oportunidad. Para muchas personas el hablar de crecimiento personal (ganancia) después de un trauma es algo totalmente inaceptable, porque ¿cómo se puede ganar después de una pérdida? (pérdida de vidas, salud, capacidades, etc.). Lo cierto es que, evolutivamente, la lucha por la supervivencia ha provocado que la especie humana haya seleccionado mecanismos de adaptación a acontecimientos desagradables, que comportan tanto pérdidas como beneficios. Si, cuando pasamos por un trauma, lo dejamos de ver sólo como un obstáculo y pasamos a interpretarlo también como una oportunidad para madurar y fortalecernos, cambiaremos la manera de interpretar las adversidades presentes y futuras y, por lo tanto, nuestra reacción ante éstas se volverá más positiva.

• Aprovecha los traumas y los momentos de crisis para descubrir qué recursos personales te están ayudando a resistir e, incluso, a crecer psicológicamente. Puede que, superado un trauma, te des cuenta de que te ha aumentado la autoestima, han mejorado tus dotes comunicativas y tus relaciones sociales, valoras más lo que tienes o sientes que tienes más capacidad de amar a las personas de tu entorno. Una vez seas consciente de qué es aquello que ha mejorado, reflexiona sobre las actividades, conductas, actitudes, creencias que utilizaste como estrategias para superar el trauma y crecer como persona. Intenta reflexionar sobre éstas para tenerlas siempre presentes y potenciarlas, pues son recursos que, sin duda, te ayudan a ser más resiliente.

• Mejora y cultiva las relaciones sociales. Aunque quizás seas una persona solitaria, o consideras que no necesitas los estímulos de la vida social en tu día a día, piensa que es importante establecer y mantener relaciones de calidad con familiares, amigos, compañeros de trabajo y otras personas de nuestro entorno. El tener una buena red social propicia que, en momentos de crisis, uno sea más resiliente. Y es que, el sentir el soporte de los demás, hace que tengamos más emociones positivas que compensan el fuerte malestar que nos provoca el trauma o acontecimiento negativo.

Ayuda a los demás. Puedes, incluso, hacerte voluntario de alguna asociación en la que te necesiten. El ayudar a los demás da muchas gratificaciones y produce un aumento en la satisfacción vital y en la sensación de esperanza.

• Ante una adversidad, intenta discriminar aquello que sí puedes controlar de aquello cuyo control no está en tus manos, para centrarte solamente en lo primero. Es decir, si se da un acontecimiento negativo que hace que no puedas alcanzar los objetivos que te habías marcado en la vida y que tanto anhelabas, acepta las circunstancias que no puedes cambiar. Esto te permitirá amplificar tu visión ante el problema y tomar nuevas perspectivas, de manera que pasarás a centrar tu atención y eficacia en aquello que sí puedes controlar, y por lo tanto cambiar, para salir airoso de la situación. El superar las circunstancias adversas, a su vez, provocará que aumente la confianza en ti mismo ante futuras crisis.

• Es importante ser optimista para que, en el caso que se den acontecimientos traumáticos, seas capaz de tener la confianza de que las cosas irán bien. Intenta hacer el siguiente ejercicio de visualización de manera repetitiva: visualiza tus metas, lo que quieres conseguir en la vida, sin pensar en los miedos o preocupaciones que asocias a éstas metas. Pongamos un ejemplo. Imaginemos que te estás preparando para ser actor de teatro. Vas persiguiendo tu proyecto personal pero, al mismo tiempo, anticipas que, cuando finalmente logres tu objetivo, todo saldrá mal: subirás al escenario, verás las caras de toda una aglomeración de gente mirándote fijamente, olvidarás el guión, te quedarás sin habla y el público te abucheará. Y es que estos miedos, surgidos de una actitud pesimista, te generan emociones muy negativas y una gran desconfianza en ti mismo. En este caso, el ejercicio de visualización se basaría, por ejemplo, en levantarte cada día imaginado que por fin has cumplido tu sueño y que todo ha ido bien: actúas encima del escenario, recuerdas el guión a la perfección, haces una muy buena interpretación, y el público se levanta y te aplaude con fervor. En cualquier caso, algún día trataremos en este blog el tema del optimismo con más detalle.

• Busca actividades, realizables con cierta frecuencia, que te aporten bienestar, relajación y que respondan a tus deseos y necesidades. Con estas actividades se favorece el experimentar emociones positivas, recurso que promueve el desarrollo del proceso resiliente. Además, si cuidas de tu cuerpo (y tu mente como parte de éste), cuando vengan situaciones difíciles, estarás mucho más preparado para superarlas que si te encuentras en un estado de salud (física y mental) indeseable.

• Intenta relativizar los problemas y visualizar los malos momentos con perspectiva. No hace falta (ni tampoco conviene) negar las emociones negativas. Se trata de evitar magnificar los acontecimientos y no dejarnos llevar por personas de nuestro entorno que tienden a dramatizar. En nuestra sociedad occidental, tenemos muchas ideas preconcebidas en relación a cómo reaccionan las personas ante situaciones adversas. Estas ideas están basadas en prejuicios y estereotipos y no en datos comprobados empíricamente que, en realidad, demuestran que existe una gran variabilidad interpersonal. Por ejemplo, una idea muy extendida es que la depresión y la desesperación “apasionada” son inevitables ante la muerte de seres queridos. Si nosotros o personas de nuestro entorno tenemos esta creencia, es mucho más probable que caigamos en una depresión, o que no seamos capaces de superar la muerte de nuestro ser querido y salir de esta situación tan adversa fortalecidos psicológicamente.

• Aunque te hayas marcado algún objetivo a largo plazo, ponte también metas realistas, pequeñas, concretas y alcanzables a corto plazo. De esta manera, te aseguras el logro de éstas en tu día a día y, consecuentemente, aumentas la percepción de que estás alcanzando aquello que quieres en la vida gracias a tus capacidades y perseverancia y no gracias a la suerte o a factores externos. Así, sentirás que eres tú quien controla tu vida (y no a la inversa) y estarás más preparado cuando venga un acontecimiento negativo: al confiar más en ti y tus capacidades, serás más resolutivo afrontando la situación y también mantendrás más fácilmente la esperanza en el futuro.

Cuándo visitar a un psicólogo

Es necesario tener muy presente que, en el caso de que estemos sufriendo un trastorno mental o tengamos un problema psicológico más o menos grave, lo más conveniente es, antes que nada, tratar este problema con la ayuda de los profesionales que más preparados estén para ello (psicólogos y/o psiquiatras). No sirve de mucho esforzarnos por seguir las indicaciones dadas si tenemos un trastorno depresivo, sintomatología ansiosa grave, etc., pues, en estos casos, es evidente que tenemos que priorizar el minimizar los síntomas que nos provocan este fuerte malestar antes que intentar mejorar nuestra resiliencia. No podemos empezar la casa por el tejado. De todos modos, muchas de las intervenciones profesionales dirigidas a paliar los trastornos psicológicos, implícitamente, incluyen tareas terapéuticas que ayudan a desarrollar el proceso resiliente.

Por otra parte, puede ser que, teniendo una salud mental relativamente buena, intentemos seguir las pautas comentadas y no logremos más resiliencia. Y es que estas indicaciones son generales y obvian el hecho de que cada individuo tiene sus características personales y su propia historia vital, aspectos que deberían tenerse en cuenta. Si quieres reforzar tus aspectos resilientes y tú sólo, o con la ayuda de las personas de tu entorno, no lo logras, siempre puedes visitar a un psicólogo formado en la materia que pondrá en marcha una intervención personalizada.

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Acerca de Marta Comadran

Psicóloga (itinerario Psicología Clínica y de la Salud) y Bióloga Sanitaria. Consulta privada de terapia y apoyo psicológico en Mollet del Vallés (muy cerca de Barcelona). También servicio online, en www.martacomadran.com. Tenéis más información en las pestañas "Sobre mí" y "Contacto"de mi blog.
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3 respuestas a ¿Cómo vas de resiliencia? (y II)

  1. Pilar Tobias dijo:

    Molt bé i molt clar Marta!! Aquí aniria molt bé la frase de Charles Darwin: “It is not the strongest of the species that survives, nor the most intelligent that survives. It is the one that is most adaptable to change”. La capacidad de adaptarse a los cambios o dicho de otro modo, salir de las crisis más adaptados, és la mejor cualidad para la supervivencia.
    Felicitats!!!

  2. Gràcies, Pilar!

  3. Pingback: ¿Cómo vas de resiliencia? (I) | A mal tiempo buena psique

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