El duelo, duele: ayúdale a sentir el dolor

Dar soporte y kleenex durante el dueloCuando acudimos al tanatorio o al cementerio para asistir a un entierro, oímos a personas que intentan consolar a la afectada con frases del tipo: “¡No llores, hombre! Piensa que es ley de vida. Además, ya dejó de sufrir”o “¡Ahora no puedes venirte a bajo! ¡A animarse!”. Con estos comentarios se quiere evitar el sufrimiento. Sin embargo, no es lo mejor que podemos decir para acompañar en un proceso de duelo: estas expresiones, tan comunes en nuestra sociedad, pueden ejercer una fuerte presión sobre la persona que ha sufrido la pérdida. Ésta puede llegar a creer que lo adecuado es reprimir sus lloros, su rabia o su frustración. Incluso, si llora en exceso, puede llegar a sentirse culpable o excesivamente vulnerable. Así pues, esta manera de hablar a la persona afectada, más que beneficiarla, la perjudica, ya que el duelo, por definición, duele. Tenemos que asumirlo y evitar actuaciones que puedan bloquear este proceso.

Y es que la pérdida de una persona querida es un trauma por el que todos hemos pasado y/o pasaremos, al ser parte inevitable de nuestra historia vital. Ante esta pérdida es beneficioso conectar con las emociones negativas (rabia, tristeza…), pues el experimentar el dolor, por mucho sufrimiento que nos provoque en ese momento, nos llevará a la asimilación y aceptación de lo ocurrido. Consecuentemente, seremos capaces de adaptarnos a nuestra nueva realidad sin la persona que ha fallecido. Se habla de “elaboración del duelo” porque este proceso es largo y se desarrolla a través de diferentes etapas, que varían según el autor, y que tienen que superarse satisfactoriamente para llegar a la aceptación total de la pérdida.

Si la persona que sufre la pérdida la niega crónicamente, evitando sentir el dolor físico y psicológico, no elaborará el duelo de manera óptima y, por consiguiente, este dolor que evitaba acabará manifestándose de una manera que puede interferir en su vida. De hecho, frecuentemente, personas con mareos, crisis de ansiedad, irritabilidad, somatizaciones (dolencias en distintas partes del cuerpo a las que los médicos no encuentran una causa física por ser psicológica) y/u otros síntomas, llegan a las consultas de los psicólogos sin saber que la causa de tal malestar es un duelo mal elaborado.

En estos casos, cuando el psicólogo empieza a explorar la historia del paciente, este último le explica que hace un tiempo perdió a una persona muy significativa y que todavía no ha podido llorar, que las obligaciones diarias no le permitieron “recrearse” en el dolor o que, por la educación recibida, siempre ha identificado el expresar las emociones de tristeza con ser vulnerable y, por eso, reprimió estas emociones. Se trata de situaciones en las que la pérdida no se ha integrado en la vida del afectado, como consecuencia de no haber sentido el dolor en su momento. En estos casos, la tarea del psicólogo es ayudar a la persona a acabar de elaborar el duelo para, por fin, adaptarse a la vida sin su hija, marido, hermano, amigo, etc.

Entonces, ¿cómo podemos ayudar a una persona que ha sufrido una pérdida?

No es momento de animar ni querer tranquilizar a la persona a base de inhibir su aflicción, ya que el dolor tiene que experimentarse y exteriorizarse. Se trata de acompañarla en “el sentir el dolor” y no intentar evitarle este sufrimiento que, como hemos dicho, es natural. Debemos procurar comprender su dolor, empatizar y, sobre todo, respetar su ritmo en el proceso de duelo, sin darle prisa para que vuelva a sonreír.

Para empezar, cuando te encuentres con la persona afectada, justo después de la pérdida, si no sabes qué decir (es normal porque es un momento muy delicado y tememos no actuar correctamente), no digas nada. Simplemente dando un abrazo sincero ya se transmite mucha comprensión, muchísima. Si te cuesta mostrar afecto o eres una persona que no se siente cómoda expresando emociones, dale una palmadita en la espalda, cógele la mano o dale un beso “con sentimiento”.

Además, habla con ella del difunto si ves que tiene ganas. En realidad, estas conversaciones sobre la persona fallecida, que a tantas personas incomodan, ayudan a aceptar la pérdida y asimilarla: hablad del fallecido y si la persona afectada llora y llora, ofrécele kleenex. No te preocupes si tú también empiezas a llorar: ¡seguro que hay kleenex para todos!. A veces nos aguantamos el lloro por el “¿qué pensará?” y, en realidad, la persona afectada lo percibe como una señal de comprensión. Insisto: no se trata de dramatizar (el acontecimiento ya es suficientemente dramático de por sí), sino de acompañar. Incluso, podemos ayudar a la persona a interpretar estos lloros identificando los sentimientos que hay detrás con preguntas del estilo: “Estás muy triste, ¿verdad?” o “¿Cómo te sientes?” (respetando la respuesta que nos dé sin juzgarla ni pretender que la cambie). Si actuamos de esta manera, le facilitamos que empiece a liberar parte de la gran carga de angustia y pesar que siente, de manera que el proceso de duelo le resultará un poco más llevadero.

Si por el contrario, la persona afectada no tiene ganas de hablar, no hables y respeta sus silencios: simplemente con tu presencia (que sepa que estás ahí, que eres uno de sus puntales) es más que suficiente. En todo caso puedes, de manera delicada, empezar a hablar de la persona fallecida y de las circunstancias que rodearon su muerte preguntándole, por ejemplo, “¿Cómo ocurrió?”. De esta manera, ayudaremos a la persona afectada a ir asimilando la pérdida, empezando a sentirla, expresando emociones, etc.

En definitiva, si queremos ayudar a la persona que ha sufrido la pérdida, tenemos que mostrarle comprensión, empatía, respeto (sin juzgar sus sentimientos, pensamientos y emociones) y, sobre todo, debemos acompañarla durante todo el proceso de duelo, no solamente durante el día del entierro o los tres o cuatro días posteriores.

Lo que no debemos hacer

De manera congruente con todo lo que estamos comentando, podemos afirmar que hay una serie de actitudes, reacciones y expresiones que no debemos manifestar, al menos por iniciativa propia. Por ejemplo:

• Decirle “Sé exactamente cómo te sientes”. No sabes como se siente porque cada persona y cada historia personal es diferente. Además, ahora es su momento: la persona afectada necesita que le preguntes cómo se siente, no necesita saber (¡justo en estos momentos!) cómo te sentiste tú cuando, hace años, pasaste por tu proceso de duelo particular. En todo caso, lo podeís hablar más adelante, cuando la afectada ya haya superado las primeras fases del proceso de duelo y sea capaz de sentirse más identificada con tu experiencia.

Hablar de cosas que no vienen al caso. Por ejemplo, al ver que la persona afectada está sumida en sus pensamientos, en silencio, hay personas que se incomodan y hacen comentarios del tipo: “¿Sabes? El otro día me encontré a Paula en el mercado y (…)”. Que esté en silencio no significa que necesite que hables. Seguramente está pensando en la persona fallecida, en lo ocurrido, pensamientos que la ayudan a evitar la negación de la pérdida.

• Expresar frases del estilo: “El tiempo lo cura todo”, “Los caminos del señor son inescrutables” o “Es ley de vida”. Con estas frases, la persona afectada puede sentir que no te interesas por entender su dolor y la situación por la que está pasando.

No dar tiempo a la persona afectada y presionarla para que vuelva a ser la de antes, como si nada hubiese pasado. No es beneficioso para ella el que intentes animarla con frases del tipo: “¡Venga, que todo pasa en esta vida! ¡Te tienes que animar!”, “¡Ya verás como pronto reharás tu vida!” (en el caso de pérdida de la pareja), “Ven con nosotros el sábado a la disco. ¡Venga, que no es bueno que te quedes en casa!”, “Lo que tienes que hacer es dar la ropa de tu hermana a Cáritas lo antes posible”. Plantéate lo siguiente: si acabara de morir tu madre, tu hermano, tu pareja, ¿de verdad crees que en ese momento pensarías que debes estar animado?, ¿que tu pareja acaba de morir pero que pronto tendrás otra?, ¿que tienes ganas de salir de juerga con tus amigos?, ¿que vas a deshacerte de su ropa en lugar de olerla, mirarla y tocarla hasta que se te pasen las ganas?

Decirle “lo que tiene que hacer”. La persona afectada ha sufrido una pérdida pero es autónoma y está capacitada para tomar sus propias decisiones. No debemos darle la sensación de que está incapacitada porque, en función de la personalidad que tenga, se lo puede llegar a creer, de manera que se verá perjudicada.

¿Cómo ayudar si la persona afectada no asimila la pérdida o manifiesta comportamientos disfuncionales?

A diferencia de un duelo natural, no complicado o no patológico, el duelo patológico se puede dar de tres maneras diferentes:

1. La persona afectada muestra tristeza o desesperación durante un tiempo excesivamente prolongado.
2. La pérdida es reciente (no ha pasado el tiempo suficiente para que el duelo se haya elaborado de manera natural) pero la persona muestra sintomatología ansiosa o depresiva demasiado intensa, o bien determinadas conductas o pensamientos en los que se debe intervenir (abuso de alcohol u otras substancias, ideación suicida, etc.).
3. En el momento de la pérdida la persona no expresó su dolor y, actualmente (habiendo pasado más o menos tiempo), empieza a manifestar síntomas somáticos sin causa física.

En estos casos, deberíamos contar con el soporte de un buen profesional que ayude a la persona afectada con una intervención adecuada a su caso particular.

Además, las personas que están pasando por un duelo “no complicado” también pueden acudir a un psicólogo si sienten que no saben cómo afrontar la pérdida, necesitan recursos para hacer una elaboración del duelo óptima, o creen que no tienen un buen soporte social.

¿Todo lo comentado sirve para cualquier proceso de duelo?

Efectivamente. Los duelos por la pérdida de la salud (enfermedad crónica, trasplantes, enfermedades degenerativas, etc.), divorcio (pérdida de una relación amorosa), aborto (pérdida de un futuro bebé), etc., se tendrían que tratar de la misma manera haciendo, evidentemente, algunos matices.

En futuros posts iremos profundizando en esta temática tan compleja. Hablaremos de diferencias entre el duelo normal y el patológico, las fases y tareas del duelo, el duelo en diferentes situaciones y otros aspectos de interés, tanto para la persona que ha sufrido la pérdida como para aquéllas que quieran ayudarla mediante un buen acompañamiento.

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Acerca de Marta Comadran

Psicóloga (itinerario Psicología Clínica y de la Salud) y Bióloga Sanitaria. Consulta privada de terapia y apoyo psicológico en Mollet del Vallés (muy cerca de Barcelona). También servicio online, en www.martacomadran.com. Tenéis más información en las pestañas "Sobre mí" y "Contacto"de mi blog.
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9 respuestas a El duelo, duele: ayúdale a sentir el dolor

  1. Que humano y que inadecuado en esos ccasos es decirle a la persona en duelo lo que DEBE y lo que NO DEBE sentir… y cuanta inconsciencia reside en la persona que emite esos juicios o “consejos” … que sin duda serán adecuados para calmar su propio malestar, pero que no ayudan en nada a la persona que sufrió la pérdida….

    Lo dicho, cuidado con esas reacciones automáticas de tratar de calmar lo que nos causa inquietud… como es en ese caso el ver a alguien llorando o rota por el dolor.

  2. Gracias por tu comentario.
    Tienes toda la razón. Unas veces por desconocimiento al querer ayudar al otro (pensando que ayudar implica evitarle el sufrimiento), otras veces por querer evitar la propia inomodidad y emociones negativas en lugar de gestionarlas, se dicen cosas que lo que hacen es dificultar la elaboración del duelo del afectado.
    ¡Nos leemos! 🙂

  3. Inma dijo:

    Hola Marta.
    Me han encantado tus consejos, los encuentro muy prácticos.
    Estoy trasplantada de corazón, pasé por el duelo que eso supone, pero en ocasiones me pregunto, y más después de leer tus comentarios, si pasé el duelo “completamente” o como no lo viví de una forma excesivamente dura, lo tengo pendiente y quizás algún día vuelva ese proceso.
    Me gustaría saber si esto se puede saber.
    Gracias.
    Inma.

  4. Muchísimas gracias Inma.
    En relación a tu duda, que no hayas vivido tu pérdida de forma excesivamente dura no significa que no hayas completado el proceso de duelo. Cada persona vive su situación de manera distinta, con distintas percepciones, emociones y pensamientos. Hay personas que tienen más recursos que otras para adpatarse a la pérdida y viven un duelo más corto.
    Se dice que el duelo tiene un potencial transformador, pues la persona cambia durante este proceso, aunque normalmente el sujeto no lo percibe hasta el final. Precisamente el indicador de que el duelo se ha elaborado de manera sana y adaptativa es la sensación de crecimiento personal, de haber puesto en marcha ciertos recursos positivos que favorecen la adaptación a la pérdida. Pregúntate si en tu caso es así para saber si, como preguntas, lo has completado.
    De todas formas, también tengo que decirte que el duelo puede ser más o menos largo en función de la situación y de la persona que la vive. Las diferentes etapas pueden no transcurrir secuencialmente y la persona puede retroceder de una etapa a otra anterior. El retroceso no significa una “recaída” o una “vuelta a empezar”, pues el sujeto ya lleva hecho parte del camino. Hablamos de retroceso porque la persona lo percibe así y es normal. Pero tal retroceso, a no ser que el duelo sea patológico, no se da. Si, por ejemplo, retrocedo de la fase de aceptación (la última) a la de ira, seguro que esta ira que siento será diferente en relación a la primera vez que la sentí, menos intensa, más atenuada.
    Con la poca información que tengo sobre tu caso y teniendo en cuenta que esto es un blog personal, no puedo darte una respuesta precisa. Sin embargo, quiero insistir aunque me reitere en que hay personas cuyos duelos son relativamente rápidos y esto no quiere decir que no los hayan elaborado: han integrado su pérdida en su vida actual, dándole un sentido, sienten que han crecido y que se han hecho un poquito más fuertes. Si este es tu caso, yo no me preocuparía.
    ¡Saludos!

  5. Rodolfo dijo:

    Estupendo artículo ! Muchas gracias y saludos desde la Ciudad de México .

  6. Gracias a ti por hacerme saber que te ha gustado, Rodolfo.
    ¡Un saludo para ti y otro para todos los mexicanos! 🙂

  7. keila medina dijo:

    DRA MARTA COMADRAN, SOY VENEZOLANA Y HACE UN AÑO Y 3 MESES MURIO MI HIJO DE 14 MESES, Y LOS PRIMEROS DIAS NO LLORABA ESTABA COMO EN SHOCK Y CUANDO LOGRABA VOTAR UNA LAGRIMA, MI FAMILIA Y AMIGOS ME DECIAN NO LLORES EL PARTIO CON CRISTO, COMO SOY CRISTIANA EVANGELICA, PUES APARTE DE ESO ME CAMBIARON EL CUARTO REGALARON LA ROPA DE MI HIJ EN PARTES, SUS FOTOS ME LAS ESCONDIERON.. , Y CADA VEZ QUE LLORABA ME DECIA NO DEBO HACERLO PORQUE MI HIJO ESTA CON CRISTO, … COMO A LOS 15 DIAS ME EMEPEZARON UNOS ATAQUES HORRIBLES, ME PALPITABA EL CORAZON, ME PONIA FRIA, SENTIA DE TODO Y NO SABIA QUE ERA HASTA QUE ME DIJERON QUE ERAN LOS NERVIOS, ANSIEDAD, NO ME GUSTABAB ESTAR SOLA, SENTIA PANICO!!! y LO QUE ME CALMABA ERA LLORAR, PERO SIEMPRE ERA LO MISMO ESCUCHABA PERSONAS DECIR NO LLORES, ESO TE HACE DAÑO , MI ESPOSO TAMBIEN , HASTA QUE LES DIJE QUE ME DEJARAN EN PAZ, QUE ME DEJARAN LLORAR Y BUENO, EMEPECE A TMAR TES PARA LOS NERVIOS, Y DIAZEPAM PERO POCAS VECES LAS TOME, QUERIA SUPERARME POR MI MISMA, DURE UN TIEMPO MUY BIEN ME LLENE DE VALOR, PORQUE TENGO OTRA HIJA ADOLESCENTE Y UNA VIDA QUE SEGUIR, PERO HACE COM UN MES EMPEZARON OTRA VEZ MIS ATAQUES DE ANSIEDAD Y NERVIOS!!! Y ESTOY LLORANDO MAS QUE ANTES, NO SE SI ES QUE AUN NO QUE QUEMADO ESA ETAPA DEL DUEL, HA PASADO TAN POCO TIEMPO Y EXTRAÑO TANTO A MI HIJO… QUE ES FUERTE.. QUISIERA IR A UN PSICLOGOA VER QUE ME DICE, QUE OPINA UD DRA?

  8. Hola Keila,

    Como he recibido esta misma consulta por mensaje privado, le he respondido por ahí.

    Un fuerte abrazo

  9. Marta dijo:

    Hola Marta: muy buena tu nota, debería leerte mucha gente, estoy en duelo por la pérdida de mi madre y aunque algunos te acompañan muy bien, algunos otros sentis que no cooperan para nada con tu dolor. y tan importante que te acompañen.

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