El mito de la media naranja (I): dependencia patológica

En el principio de los tiempos, los humanos eran esféricos como naranjas y tenían dos caras (en posición opuesta), cuatro brazos, cuatro piernas y dos órganos sexuales. Existían tres géneros: femenino (mujer+mujer), masculino (hombre+hombre) y andrógino (hombre+mujer). Su prepotencia les llevó a enfrentarse a los dioses, bajo la convicción de que eran semejantes a éstos. Entonces Zeus, para castigarlos sin perder las ofrendas que obtenía de ellos, los partió en dos. Los humanos empezaron a andar por la vida melancólicos, buscando a su otra mitad. Cuando la encontraban, se enlazaban fuertemente a ella y así permanecían hasta morir de hambre. Al darse cuenta de tal epidemia, Zeus sintió compasión y pidió a Hermes que les girase la cara hacia el mismo lado donde tenían los órganos sexuales, de manera que al encontrarse pudieran acoplarse y, en caso de formar parte de un ser andrógino, tener descendencia. Desde entonces, los humanos están predestinados a encontrar su “media naranja” para sentirse completos: la necesitan porque sin ésta se sienten vacíos y desgraciados.

El significado simbólico de este mito de la media naranja se transmite constantemente en canciones, películas, libros… sin hacer ningún bien a los adolescentes que lo interiorizan y que están reconstruyendo su identidad, a la vez que luchan entre continuar siendo dependientes de los padres y lograr cierta autonomía. De hecho, el ver constantemente la dependencia emocional de la pareja como algo positivo en la sociedad, en los medios, etc., no sólo puede afectar a los adolescentes: los adultos no estamos inmunes.

¿Tan negativo es creer en el mito de la media naranja?

Cuando hablamos de la relación de pareja, sabemos que cierto apego es deseable para mantener un vínculo seguro. El problema viene cuando la dependencia implica requerir y necesitar la atención constante del otro. Así pues, no es positivo creer que todos tenemos nuestra media naranja y que sin ella no podemos vivir. O, dicho de otro modo, que nuestra pareja es la nuestra y que si ella no hubiese aparecido no hubiésemos encontrado a nadie que nos complementara. Esta creencia, muy arraigada en nuestra sociedad a pesar de los tiempos en que vivimos, crea dependencia patológica: crees que necesitas al otro para sobrevivir. Esta necesidad puede dar lugar a diferentes situaciones.

Puede pasar que la persona que se siente dependiente de su pareja tienda al chantaje emocional y a la manipulación de ésta, a quererla de manera egoísta e interesada, bajo la convicción de que tiene que satisfacer sus necesidades siempre porque, de lo contrario, significa que no la quiere lo suficiente. A partir de ahí, se crea una dinámica en la que la persona sometida a tal chantaje se cree responsable del bienestar de la otra, llegando a sentir una gran culpabilidad si percibe que su pareja no es feliz. Además, la persona “chantajeada” puede sentir también que nunca llegará a autorrealizarse, puesto que algunas de sus metas vitales no son respetadas por la pareja, de manera que la sensación de “ahogo” puede hacer su aparición.

Si vamos a situaciones extremas, todos conocemos casos de maltrato. El maltratador puede tener rasgos antisociales, narcisistas, dominantes, de manera que la persona dependiente se somete a éste hasta cotas insospechadas, pensando que es mejor pasar por el aro que perder a su amor. También puede pasar que el maltratador crea en el mito del que estamos hablando, sea celoso, dependiente y tenga una baja autoestima, lo que le llevará a no querer “soltar” a su media naranja.

En todo caso, y siempre hablando de casos extremos, me atrevo a afirmar que el mito de la media naranja da lugar al mito de la pareja como prisión. Así pues, es mucho mejor hablar de dos naranjas que comparten (gran) parte su vida y parte de sus proyectos, de manera que las dos se refuerzan y dan soporte para llegar a la autorrealización personal y conjunta, que fomentar la idea de las dos mitades que se necesitan a toda costa para sobrevivir.

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Acerca de Marta Comadran

Psicóloga (itinerario Psicología Clínica y de la Salud) y Bióloga Sanitaria. Consulta privada de terapia y apoyo psicológico en Mollet del Vallés (muy cerca de Barcelona). También servicio online, en www.martacomadran.com. Tenéis más información en las pestañas "Sobre mí" y "Contacto"de mi blog.
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7 respuestas a El mito de la media naranja (I): dependencia patológica

  1. Lidia Marin dijo:

    Muy interesante Marta!! Me alegro que hayas empezado a escribir un blog.
    Muchos besos!!

  2. Gracias guapa!
    Besos!

  3. Angel dijo:

    Este teu Marta? En aquest cas enhorabona i estaré pendent dels nous articles. Sabíem desde ben petits que eres una crack!!!

  4. Encantada de veure’t per aquí Àngel. I gràcies!
    A la teva pregunta: sí, és meu. És tan meu que inclús les fotos les faig jo: no són de fotògraf però les faig amb carinyo i segons el que m’inspira el tema. Si al cole no copiava mai (ni a l’insti, ni a la uni…) ara menys! 😉

  5. Pilar Tobias dijo:

    Felicitats Marta!!. Et segueixo perquè sóc una “fan” teva. M’encanta el teu llenguatge planer que arriba a tothom!!.
    Pilar Tobias

  6. Moltes gràcies, Pilar!
    Una abraçada ben forta!

  7. Pingback: Infidelidad: juega y quémate… si quieres | A mal tiempo buena psique

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