Autoestima, divino tesoro

Autoestima

Se habla muchísimo sobre cómo aumentar la autoestima. Podemos leer pautas aquí y allá. Intentamos aplicarlas en nuestro día a día como si fueran la panacea para llegar a ser felices. Pero… ¿Te has preguntado alguna vez qué es la autoestima? ¿Autoestima y autoconcepto son lo mismo? ¿La autoestima está sujeta a condiciones?

Diferencia entre autoestima y autoconcepto

El autoconcepto es la manera que tiene la persona de describirse a sí misma. Se trata de las características con las que define su forma de ser, su imagen, la manera que tiene de ver el mundo, etc.

En cambio, la autoestima es la valoración subjetiva que el individuo hace de la información contenida en su autoconcepto, basada en determinados sentimientos y pensamientos.

Así pues, si el sujeto se siente satisfecho en relación a cómo se percibe y esta percepción le genera sentimientos positivos sobre su propia persona (se aprecia y quiere a sí mismo) afirmamos que tiene una sana autoestima. Si se valora negativamente, en relación a cómo se ve subjetivamente, de manera que se desprecia a sí mismo (no se quiere o se quiere poco), diremos que tiene una baja autoestima.

Esta evaluación que la persona hace de sí misma, y el hecho de que sea positiva o negativa, depende de los pensamientos, sentimientos, experiencias y sensaciones que haya tenido a lo largo de su vida.

Estas experiencias, sentimientos y pensamientos han ido creando un yo real (las cualidades, habilidades y defectos que el individuo percibe como reales de sí mismo) que se compara con un yo ideal (imagen interna que se ha creado el sujeto en relación a cómo le gustaría ser). La persona que tiene una baja autoestima, cuando compara su yo real con su yo ideal, percibe muchas diferencias, siente que no es lo que esperaba ser y que le falta mucho para llegar a serlo. En consecuencia, se siente incómoda e inadecuada.

Autoaceptación incondicional

Tener una alta autoestima no significa quererse solamente si uno se percibe como perfecto, siente que lo hace todo bien y tiene el afecto de todo el mundo. Si nos queremos solamente si se cumplen estas condiciones, ya no podemos hablar de autoestima porque este concepto implica una autoaceptación incondicional.

En concreto, tener una sana autoestima significa quererse a uno mismo bajo cualquier circunstancia, en los momentos buenos y malos, se perciba uno con más o menos defectos y virtudes. Por lo tanto, la persona con una alta autoestima será capaz de quererse a pesar de detectar determinados defectos, de la falta de aprobación de los demás o de no llegar a las metas que se ha marcado.

Y es que, como insistimos, el “me quiero porque soy perfecto y me adoran” no vale y seria indicativo, más que de una sana autoestima, de un estilo de personalidad narcisista.

En realidad, la persona con una óptima autoestima se conoce muy bien y tiene una imagen realista de sí misma. Es capaz de ver sus puntos fuertes o virtudes y también sus puntos débiles. A pesar de ser consciente de sus debilidades, o lo que ella considera defectos, no se siente mal por ello, sino que se valora a sí misma y se permite tener estos puntos débiles.

Sin embargo, no adopta la actitud de: “Yo soy así, tengo estos defectos y los demás que se aguanten porque no puedo o no quiero cambiar”. Por el contrario, su comportamiento va dirigido a querer mejorar activamente aquello que se pueda y aceptar las limitaciones reales, sacándoles su lado positivo cuando ello sea posible.

En cambio, el sujeto con una baja autoestima, ve más sus defectos que sus virtudes. De hecho, se percibe lleno de puntos débiles, los magnifica y no intenta modificar aquello que no le gusta porque se siente incapaz o cree que es imposible.

Por otra parte, el sujeto con una sana autoestima no deja que el valor que se da a sí mismo esté supeditado a recibir afecto y aprobación por parte de los demás. Es cierto que, como la mayoría de los mortales, se sentirá mejor si se siente querido y tiene la compañía y el apoyo de personas con las que pueda contar para compartir los buenos y los malos momentos. Pero no sentirá que necesita este apoyo, aprobación o afecto para sobrevivir.

Y es que no se trata de un “me quiero porque me quieren” o “me gusto porque gusto a los demás”, sino de un “me quiero y, por lo tanto, he creado el caldo de cultivo para que los demás me quieran y, si no es así, lo pasaré mal pero no me dejaré de valorar por ello”.

De hecho, la persona con una sana autoestima, como se acepta a sí misma, es capaz de expresar sus sentimientos y opiniones con seguridad, sin molestar a los demás y sin miedo al rechazo. Y es que utiliza un estilo comunicativo asertivo y no tiene dificultades a la hora de establecer y mantener relaciones sociales.

Por el contrario, la persona con una baja autoestima está demasiado pendiente de los demás, ya que busca constantemente su aprobación y reconocimiento, de manera que no expresa sus sentimientos, intereses y opiniones. Incluso, puede llegar a hacer ver que opina igual que los demás por miedo al rechazo o por percibir sus propias opiniones como carentes de valor.

Además, el individuo con la autoestima a prueba de balas se marca metas pero no se maltrata a sí mismo en el caso de no alcanzarlas. Simplemente, ejecuta sus proyectos de la mejor manera que sabe, intenta detectar los errores cometidos y aprender de éstos.

Es decir, es evidente que para preservar la autoestima es necesario sentirse mínimamente competente en algo. Pero la persona con alta autoestima, si no tiene éxito en un momento dado, y a diferencia del sujeto con baja autoestima, no se desprecia por ello.

La autoestima no es global ni estática

Aunque todos tendemos a valorarnos de una forma global, con frases del tipo: “no me gusta como soy” o “me siento una persona normal”, la autoestima consta de múltiples facetas.

Esto significa que se pueden tener diferentes valoraciones de uno mismo en las diferentes áreas de la vida (laboral, familiar, relación de pareja, amistades…). Así, por ejemplo, podemos encontrar a una persona que se valore mucho a sí misma en el ámbito familiar y laboral, pero que tenga una autoestima muy mermada dentro de la relación de pareja.

Esto implica que, para aumentar la autoestima, es importante saber qué características utilizamos para evaluarnos a nosotros mismos en los diferentes ámbitos de nuestra vida.

Por otra parte, es conveniente tener en cuenta que la autoestima se va modificando a lo largo de la vida, en función de las nuevas experiencias e interacciones sociales que se vayan teniendo y cómo la persona las va gestionando.

Así pues, si tienes una baja autoestima intenta trabajarla (por tu cuenta o acudiendo a un profesional) porque es un gran tesoro que nos ayuda a sentirnos mucho mejor con nosotros mismos y con los demás.

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Acerca de Marta Comadran

Psicóloga (itinerario Psicología Clínica y de la Salud) y Bióloga Sanitaria. Consulta privada de terapia y apoyo psicológico en Mollet del Vallés (muy cerca de Barcelona). También servicio online, en www.martacomadran.com. Tenéis más información en las pestañas "Sobre mí" y "Contacto"de mi blog.
Esta entrada fue publicada en Bienestar Psicológico, Inteligencia Emocional y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Autoestima, divino tesoro

  1. Grande!! Un abrazo muy fuerte 🙂

  2. Muchas gracias Cristina.
    ¡Un abrazo fuerte para ti también!

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