Vacaciones de verano y ruptura de pareja

vacaciones y ruptura de pareja Al llegar septiembre muchas parejas entran en crisis y otras muchas rompen definitivamente. De hecho, las visitas al psicólogo para hacer terapia de pareja, así como las demandas de divorcio, se disparan durante ese mes.

¿Qué ocurre durante las vacaciones de verano? ¿Cómo puede ser que una época de disfrute acabe con una relación?

En realidad, las circunstancias que provocan que la relación se vaya desgastando se dan mucho antes de las vacaciones: falta de comunicación, desamor, situaciones traumáticas o estresantes en las que no se siente el apoyo del otro, etc. La época estival lo único que provoca es el aceleramiento de una ruptura que ya estaba anunciada desde hacía tiempo.

Y es que las parejas que rompen después de verano normalmente han estado dando la espalda a sus problemas de relación durante el resto del año. El miedo a afrontar estas dificultades, o la esperanza de que se solucionarán por arte de magia, hace que los miembros de la pareja eviten hablar de sus problemas cuando empiezan a aflorar y, de manera más o menos consciente, pongan grandes expectativas en las vacaciones creyendo que éstas, por sí solas, van a mejorar las cosas.

Piensan que el hecho de poder compartir más tiempo de ocio será la píldora para todas sus desavenencias. Sin embargo, acaba sucediendo lo contrario: los conflictos se hacen mucho más palpables, de manera que llega un punto en el que el deterioro de la relación de pareja se hace incuestionable y se plantea la ruptura o bien se decide luchar por ella acudiendo al psicólogo.

Otras parejas, aunque no llegan a estos límites, vuelven de las vacaciones ‘cansados’ el uno del otro. Se sienten desencantados, como si hubieran descubierto que la relación no era tan idílica como creían.

En cualquier caso, al empezar las vacaciones en pareja, se pueden tener en mente una serie de recomendaciones para que los días destinados a recargar energías, disfrutar y tener una convivencia satisfactoria cumplan las expectativas. Además, seguir estas pautas ayuda a reforzar la relación en lugar de debilitarla. Aquí las tenéis:

  • Procura abrir tu mente y estar dispuesto a negociar con tu pareja a la hora de decidir qué vais a hacer durante las vacaciones. Sé asertivo y expresa tus intereses respetando también los de tu pareja y llegando, de esta manera, a un entendimiento. Si, por ejemplo, tu pareja quiere emplear las vacaciones para descansar haciendo lo mínimo posible y tú quieres estar todos los días realizando actividades, es conveniente llegar a un término medio que respete ambos ritmos. No pierdas de vista el objetivo de las vacaciones: pasar un tiempo agradable y disfrutar con la pareja de buenos momentos. La finalidad no es comprobar quién tiene la razón en cada cosa que se habla.
  • Intenta no idealizar las vacaciones. Antes de que empiecen, ajusta tus expectativas de manera positiva pero realista. Toma consciencia de que pueden vivirse momentos muy satisfactorios y, por otro lado, pueden darse contratiempos con tu pareja que se pueden aprovechar como una oportunidad para aprender y, de esta manera, fortalecer la relación si se mantiene una buena actitud.
  • Si tenéis aficiones no compartidas, procurad destinar un tiempo a cultivarlas cada uno por su cuenta. La calidad del tiempo que estéis juntos es más importante que la cantidad. Si compartís mucho tiempo pero cada uno piensa lo que ha dejado de hacer por estar con el otro las 24 horas del día, vais a sentir que vuestra relación es una prisión que no os deja disfrutar plenamente de las vacaciones.
  • Siguiendo con la pauta anterior, procura dedicar parte de tu tiempo libre a otras áreas que tienen poca o ninguna relación con la pareja: amigos, familia de origen… Se trata de gestionar bien el tiempo para dedicarlo tanto a tu pareja como a todo aquello que es importante para ti.
  • Aprovecha para conversar tranquilamente sobre temas que os afectan como pareja y que no tratáis por falta de tiempo el resto del año. Para ello, a la vez que expresas tus necesidades y deseos, emplea la escucha activa para ponerte en el lugar del otro de manera empática y preocuparte también por su bienestar. A la hora de tomar decisiones la adaptación debe ser mutua.
  • Al volver de las vacaciones, recuerda también los momentos agradables y no solamente las desavenencias y situaciones problemáticas en el caso de que se hayan dado.

Para acabar, ten siempre muy presente que la relación de pareja debe cuidarse durante todo el año para que ésta resulte satisfactoria… estemos o no de vacaciones.

Publicado en Relación de pareja | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Autoestima, divino tesoro

Autoestima

Se habla muchísimo sobre cómo aumentar la autoestima. Podemos leer pautas aquí y allá. Intentamos aplicarlas en nuestro día a día como si fueran la panacea para llegar a ser felices. Pero… ¿Te has preguntado alguna vez qué es la autoestima? ¿Autoestima y autoconcepto son lo mismo? ¿La autoestima está sujeta a condiciones?

Diferencia entre autoestima y autoconcepto

El autoconcepto es la manera que tiene la persona de describirse a sí misma. Se trata de las características con las que define su forma de ser, su imagen, la manera que tiene de ver el mundo, etc.

En cambio, la autoestima es la valoración subjetiva que el individuo hace de la información contenida en su autoconcepto, basada en determinados sentimientos y pensamientos.

Así pues, si el sujeto se siente satisfecho en relación a cómo se percibe y esta percepción le genera sentimientos positivos sobre su propia persona (se aprecia y quiere a sí mismo) afirmamos que tiene una sana autoestima. Si se valora negativamente, en relación a cómo se ve subjetivamente, de manera que se desprecia a sí mismo (no se quiere o se quiere poco), diremos que tiene una baja autoestima.

Esta evaluación que la persona hace de sí misma, y el hecho de que sea positiva o negativa, depende de los pensamientos, sentimientos, experiencias y sensaciones que haya tenido a lo largo de su vida.

Estas experiencias, sentimientos y pensamientos han ido creando un yo real (las cualidades, habilidades y defectos que el individuo percibe como reales de sí mismo) que se compara con un yo ideal (imagen interna que se ha creado el sujeto en relación a cómo le gustaría ser). La persona que tiene una baja autoestima, cuando compara su yo real con su yo ideal, percibe muchas diferencias, siente que no es lo que esperaba ser y que le falta mucho para llegar a serlo. En consecuencia, se siente incómoda e inadecuada.

Autoaceptación incondicional

Tener una alta autoestima no significa quererse solamente si uno se percibe como perfecto, siente que lo hace todo bien y tiene el afecto de todo el mundo. Si nos queremos solamente si se cumplen estas condiciones, ya no podemos hablar de autoestima porque este concepto implica una autoaceptación incondicional.

En concreto, tener una sana autoestima significa quererse a uno mismo bajo cualquier circunstancia, en los momentos buenos y malos, se perciba uno con más o menos defectos y virtudes. Por lo tanto, la persona con una alta autoestima será capaz de quererse a pesar de detectar determinados defectos, de la falta de aprobación de los demás o de no llegar a las metas que se ha marcado.

Y es que, como insistimos, el “me quiero porque soy perfecto y me adoran” no vale y seria indicativo, más que de una sana autoestima, de un estilo de personalidad narcisista.

En realidad, la persona con una óptima autoestima se conoce muy bien y tiene una imagen realista de sí misma. Es capaz de ver sus puntos fuertes o virtudes y también sus puntos débiles. A pesar de ser consciente de sus debilidades, o lo que ella considera defectos, no se siente mal por ello, sino que se valora a sí misma y se permite tener estos puntos débiles.

Sin embargo, no adopta la actitud de: “Yo soy así, tengo estos defectos y los demás que se aguanten porque no puedo o no quiero cambiar”. Por el contrario, su comportamiento va dirigido a querer mejorar activamente aquello que se pueda y aceptar las limitaciones reales, sacándoles su lado positivo cuando ello sea posible.

En cambio, el sujeto con una baja autoestima, ve más sus defectos que sus virtudes. De hecho, se percibe lleno de puntos débiles, los magnifica y no intenta modificar aquello que no le gusta porque se siente incapaz o cree que es imposible.

Por otra parte, el sujeto con una sana autoestima no deja que el valor que se da a sí mismo esté supeditado a recibir afecto y aprobación por parte de los demás. Es cierto que, como la mayoría de los mortales, se sentirá mejor si se siente querido y tiene la compañía y el apoyo de personas con las que pueda contar para compartir los buenos y los malos momentos. Pero no sentirá que necesita este apoyo, aprobación o afecto para sobrevivir.

Y es que no se trata de un “me quiero porque me quieren” o “me gusto porque gusto a los demás”, sino de un “me quiero y, por lo tanto, he creado el caldo de cultivo para que los demás me quieran y, si no es así, lo pasaré mal pero no me dejaré de valorar por ello”.

De hecho, la persona con una sana autoestima, como se acepta a sí misma, es capaz de expresar sus sentimientos y opiniones con seguridad, sin molestar a los demás y sin miedo al rechazo. Y es que utiliza un estilo comunicativo asertivo y no tiene dificultades a la hora de establecer y mantener relaciones sociales.

Por el contrario, la persona con una baja autoestima está demasiado pendiente de los demás, ya que busca constantemente su aprobación y reconocimiento, de manera que no expresa sus sentimientos, intereses y opiniones. Incluso, puede llegar a hacer ver que opina igual que los demás por miedo al rechazo o por percibir sus propias opiniones como carentes de valor.

Además, el individuo con la autoestima a prueba de balas se marca metas pero no se maltrata a sí mismo en el caso de no alcanzarlas. Simplemente, ejecuta sus proyectos de la mejor manera que sabe, intenta detectar los errores cometidos y aprender de éstos.

Es decir, es evidente que para preservar la autoestima es necesario sentirse mínimamente competente en algo. Pero la persona con alta autoestima, si no tiene éxito en un momento dado, y a diferencia del sujeto con baja autoestima, no se desprecia por ello.

La autoestima no es global ni estática

Aunque todos tendemos a valorarnos de una forma global, con frases del tipo: “no me gusta como soy” o “me siento una persona normal”, la autoestima consta de múltiples facetas.

Esto significa que se pueden tener diferentes valoraciones de uno mismo en las diferentes áreas de la vida (laboral, familiar, relación de pareja, amistades…). Así, por ejemplo, podemos encontrar a una persona que se valore mucho a sí misma en el ámbito familiar y laboral, pero que tenga una autoestima muy mermada dentro de la relación de pareja.

Esto implica que, para aumentar la autoestima, es importante saber qué características utilizamos para evaluarnos a nosotros mismos en los diferentes ámbitos de nuestra vida.

Por otra parte, es conveniente tener en cuenta que la autoestima se va modificando a lo largo de la vida, en función de las nuevas experiencias e interacciones sociales que se vayan teniendo y cómo la persona las va gestionando.

Así pues, si tienes una baja autoestima intenta trabajarla (por tu cuenta o acudiendo a un profesional) porque es un gran tesoro que nos ayuda a sentirnos mucho mejor con nosotros mismos y con los demás.

Publicado en Bienestar Psicológico | Etiquetado , , , , | 2 comentarios

Trastorno esquizoide de la personalidad: paso de la gente

trastorno esquizoide de la personalidad ¿Tienes un familiar que se queda en el sofá mientras el resto de la familia charla animadamente en las sobremesas? ¿Tu pareja se muestra extremadamente fría y poco afectuosa de manera permanente? ¿Tu compañero de trabajo prefiere hacerlo todo solo y se muestra impasible ante situaciones laborales que a ti te exasperan? Puede que esta persona con la que te relacionas o, mejor dicho, con la que no te relacionas demasiado tenga un trastorno esquizoide de la personalidad.

El sujeto que sufre este trastorno se encuentra emocionalmente aplanado. Parece que no tenga sangre: no se entristece, no se enfurece, no se alegra, no siente placer… No da muestras de afecto a nadie y no expresa las pocas emociones que pueda tener.

Y es que, además, no le gusta la gente. Cuando se lo puede permitir, escoge estar solo, de manera que realiza la mayoría de actividades evitando la compañía. Estas actividades suelen ser tareas de obligado cumplimiento (trabajo, etc.) pues, en realidad, no disfruta realizando ninguna actividad y, por lo tanto, no tiene aficiones.

Por el mismo motivo, normalmente, no siente el más mínimo deseo de hacer amigos íntimos ni tampoco de formar una familia. Y es que no percibe el tener relaciones como algo gratificante. Al contrario, lo ve como una obligación.

En las situaciones en las que no tiene más remedio que interaccionar con otras personas, muestra indiferencia ante los halagos y las críticas de los demás. No siente nada, le da igual lo que puedan opinar de su persona.

En el insólito caso de que tenga pareja, no es nada afectuoso. Se muestra muy distante y se incomoda si el otro, ante el escaso intercambio amoroso, le pide más cariño. Además, tiene pocos deseos sexuales.

Por todo ello, prefiere ocupar un segundo plano en todos los ámbitos de la vida, de manera que el aislamiento social es más que evidente. Esto provoca que en el ámbito familiar se le etiquete como el raro y aburrido de la familia, en el ámbito social se le vea como alguien inepto, en el laboral se de describa como ‘el inadaptado’ y en la relación de pareja se le perciba como alguien extremadamente frío.

Diagnóstico diferencial

Este problema se puede confundir con otros trastornos de la personalidad con los que comparte algún aspecto.

Por ejemplo, en el trastorno paranoide de la personalidad, la persona también se aisla socialmente y puede llegar a mostrar muy poco afecto. Sin embargo, a diferencia del esquizoide, el individuo paranoide se aleja de los demás no porque no quiera relacionarse (le gustaría hacerlo) sino porque no se fía. El recelo y la suspicacia hace que evite mostrar sus sentimientos a los demás y que se acabe aislando por la falta de confianza.

En el caso del trastorno esquizotípico de la personalidad, del que hablaremos en futuros posts, el sujeto también se aisla. Sin embargo, a diferencia del esquizoide, el esquizotípico lo hace porque siente un malestar muy intenso (ansiedad) debido a que cree que él es diferente y que ‘no encaja’ con los demás. De hecho, el esquizotípico se siente muy especial. Piensa que es clarividente y que tiene un control mágico sobre los demás, o que posee otro tipo de pensamiento mágico como la telepatía.

Por otra parte, en el trastorno de la personalidad por evitación (lo describiremos al detalle en futuros posts), el sujeto también se puede llegar a aislar socialmente. Pero, a diferencia del esquizoide, el evitativo desea ser capaz de hacer amigos y tener relaciones íntimas, pero tiene dificultades de relación porque anticipa que se va a angustiar o que lo van a rechazar. En otras palabras, está tan pendiente de la aprobación de los demás que los evita para no pasarlo mal.

No toda persona solitaria y poco expresiva tiene un trastorno

Hay muchas personas que tienen un estilo de personalidad esquizoide, lo que no significa que tengan un trastorno. Todos tenemos un estilo de personalidad u otro, pues de lo contrario no seríamos humanos. Solamente podemos hablar de trastorno cuando los rasgos son muy rígidos e interfieren en la vida del sujeto o de sus allegados.

La persona con un estilo de personalidad esquizoide sí tiene aficiones. Pocas, pero las tiene. Normalmente, son aficiones que realiza en solitario porque las relaciones le resultan poco gratificantes.

Sin embargo, sí tiene algún amigo íntimo, conocidos e, incluso, puede acudir a encuentros dentro de un grupo.

Por otra parte, aunque puede ser poco afectuosa con la pareja y prefiere abstenerse en relación al sexo, la persona con este estilo de personalidad es capaz de tener y mantener una relación de pareja y puede practicar relaciones sexuales, aunque muchas veces sea para contentar al otro.

Para acabar, el sujeto con este estilo de personalidad sí muestra un mínimo interés ante las críticas y halagos de los demás. De hecho, es capaz de analizar lo que los otros dicen de él y, si lo ve necesario, puede cambiar el modo de comportarse.

Publicado en Personalidad | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

¿Das rienda suelta a tu sentido del humor?

Sentido del humor Si tu sentido del humor se encuentra oxidado, plantéate muy seriamente el recuperarlo y potenciarlo, ya que está comprobado que éste mejora el bienestar psicológico, favorece el crecimiento personal, potencia las relaciones sociales y tiene efectos positivos sobre la salud.

Pero, ¿qué es exactamente el sentido del humor?

El sentido del humor es un rasgo de personalidad que, según la Psicología Positiva, constituye una de las principales fortalezas humanas. Se puede definir como el gusto por reír y por la broma, sumado a la capacidad de generar sonrisas en los demás.

Se trata de una cualidad humana que nos facilita el disfrutar de un estado de ánimo positivo y que nos proporciona beneficios a nivel psicológico, físico y social.

Cabe decir que no consideramos aquí el humor negro, ya que éste busca provocar la risa a costa de ofender a los demás. En realidad, este tipo de “humor” produce rechazo y censura social en todas las culturas.

Beneficios del sentido del humor y la risa sobre la salud

El sentido del humor tiene efectos positivos demostrados sobre la salud. En concreto, si hablamos de efectos psico-físicos a corto plazo, encontramos varios de ellos de tipo preventivo o paliativo. Por ejemplo:

  • Reduce el estrés y la ansiedad, factores que deterioran de una manera muy directa la calidad de vida e, indirectamente, afectan la salud física del individuo.
  • Genera un óptimo estado de ánimo y, éste, favorece la prevención de trastornos depresivos y la capacidad de hacer frente a las enfermedades de manera más efectiva.
  • Eleva la tolerancia al dolor subjetivo. En numerosos estudios se ha demostrado que el placer y el goce que se siente al mirar una comedia elevan la capacidad de soportar el dolor subjetivo, como mínimo durante media hora.

¿Y a más largo plazo?

Los beneficios del sentido del humor y de la risa a largo plazo son más hipotéticos y requieren de más estudios empíricos que los sustenten. Estos efectos positivos hipotéticos se dan a través de diferentes mecanismos.

  • El acto de reír provoca cambios fisiológicos en el sistema cardiovascular, endocrino, músculo-esquelético, neuronal e inmunológico que, hipotéticamente, dan lugar a una mejor salud. Por ejemplo, la risa se asocia a cambios en las catecolaminas circundantes y en los niveles de cortisol. Estos cambios, a su vez, provocan efectos beneficiosos sobre diferentes componentes del sistema inmune. De la misma manera, reír (a carcajadas) reduce la tensión muscular, aumenta la oxigenación de la sangre, ejercita el corazón y el aparato respiratorio. Además, estimula la secreción de endorfinas. De ahí que existan técnicas de “risoterapia” basadas en provocar la risa vigorosa en ausencia de situaciones humorísticas.
  • Un segundo mecanismo potencial a partir del cual el humor favorece el poseer una mejor salud, podría darse a través del estado emocional positivo que acompaña al acto de reír y al sentido del humor. De hecho, las emociones positivas, independientemente de cómo se hayan generado, pueden tener efectos analgésicos, neutralizar los efectos de las emociones negativas o estimular el sistema inmune.
  • Un tercer posible mecanismo estaría relacionado con el hipotético efecto moderador del humor sobre el estrés. En concreto, el sentido del humor daría lugar a una actitud positiva que ayudaría a interpretar los acontecimientos de una forma mucho más funcional. De esta manera, el estrés se controlaría o afrontaría mejor.
  • Un cuarto y último efecto beneficioso hipotético estaría relacionado con el apoyo social. Se hipotetiza que los sujetos con un gran sentido del humor pueden ser más atractivos y competentes socialmente, de manera que resultan mucho más cercanos en las relaciones sociales. Como consecuencia, estas personas tendrían un apoyo social más grande que les ayudaría a inhibir el estrés y mejorar la salud, tal y como han demostrado diferentes estudios científicos.

En definitiva, aprovecha la más mínima ocasión para reír y hacer reír… Como afirmaba Groucho Marx: “El humor es una cosa demasiado seria como para tomársela a risa”. :)

Publicado en Bienestar Psicológico, Psicología de la salud, Psicología Positiva | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Detección de los trastornos alimentarios: señales de alerta

Detección TCA Con la llegada del buen tiempo, miles de personas (principalmente mujeres jóvenes) empiezan la llamada operación bikini, una carrera obsesiva para alcanzar el cuerpo diez antes del verano, con la intención de no pasar vergüenza en la playa o al lucir ropas ligeras.

Por desgracia, con esta operación bikini se disparan los casos de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). De hecho, a la vuelta del verano, los diagnósticos de anorexia y bulimia aumentan en las consultas de los psicólogos.

Pero, ¿los casos de TCA se pueden detectar antes de que sea demasiado tarde? La respuesta es afirmativa.

Contextos en los que se puede percibir que algo va mal

Es difícil detectar un TCA, como la anorexia, la bulimia o el trastorno de atracón, justo cuando éste empieza a hacer acto de presencia, pues sus manifestaciones iniciales más visibles pueden coincidir con ciertos comportamientos etiquetados como normales en una sociedad en la que se asocia, de manera absolutamente errónea, el cuerpo delgado con la salud y el éxito social.

Si nos centramos en el contexto familiar, aunque es aquí donde más probablemente aparecen los primeros indicios del trastorno, la tarea de detección puede complicarse como consecuencia de unos padres tan preocupados por su hijo/a que, paradójicamente, llegan a negar la evidencia.

Y es que la sola idea de que un hijo pueda sufrir un trastorno mental puede provocar tal pánico que, en lugar de pasar a la acción buscando ayuda profesional, uno se queda bloqueado. Es entonces cuando, ante ciertos comportamientos patológicos, llegan expresiones del tipo: “son manías”, “es cosa de la edad”, “todas las jóvenes hacen dietas”, “está más irritable porque está en la edad del pavo”…

Estas justificaciones que minimizan y llegan a “tapar” el problema también aparecen en el caso de padres muy perfeccionistas que “no quieren ver” que su hijo/a tiene un problema psicológico grave porque esto implicaría (según sus esquemas mentales) que ellos, como padres, han fracasado… En este punto, debemos matizar e insistir que esto no es así en absoluto. Es necesario derribar estas creencias. Los padres no deben sentirse culpables: los TCA tienen un origen multifactorial, lo que significa que deben darse múltiples causas (biológicas, psicológicas, genéticas y socioculturales) para que aparezcan y se mantengan.

El hecho es que cuando los padres acompañan a sus hijos/as a la consulta del psicólogo o psiquiatra, suelen expresar frases del tipo: “no sé cómo no me di cuenta… mi hija es otra persona… es como si nos la hubiesen cambiado”. Por lo tanto, se deduce que realmente hay indicios, que se van manifestando en el contexto familiar de manera progresiva, que nos avisan de que algo está pasando. Estas señales se pueden percibir siempre y cuando se esté dispuesto a abrir bien los ojos.

Por otra parte, escuela e instituto son entornos donde profesores y alumnos también pueden detectar de manera precoz las señales de alarma y comentarlas entre ellos antes de tomar las actuaciones pertinentes. Lo mismo ocurre dentro del grupo de amistades.

Además, en la ardua tarea de la detección más o menos precoz, tenemos que tener muy en cuenta que la persona afectada de un TCA suele engañarse a sí misma y, por lo tanto, también engaña a los demás. Esto hace que el querer descubrir el problema evitando hacer de guardián o vigilante (roles que nunca debemos tomar) se convierta en un objetivo realmente difícil.

Si la persona afectada nos miente, es importante entender que estas mentiras forman parte del TCA. Son el TCA. Si esta persona no nos engañaba antes de tener estos síntomas y ahora nos damos cuenta de que sí lo está haciendo con más o menos descaro, podemos deducir que estos embustes son una estrategia que le permite esconder sus miedos: estas mentiras no son la persona. Por lo tanto, no la debemos juzgar por ello. Siempre debemos hablar con la afectada desde la tranquilidad (cometido nada fácil), el cariño, la empatía y practicando la escucha activa.

Algunas señales de alerta que deberíais tener en mente tanto en vuestra familia como en la escuela, instituto u otros ambientes son:

Señales relacionadas con la comida

  • Utilización de dietas hipocalóricas o restrictivas sin prescripción médica. Se justifica bajo el pretexto de querer hacer una dieta “más sana”, sin llegar a reconocer que se lleva a cabo con la intención de bajar de peso.
  • Sentimiento de culpabilidad por haber comido en situaciones en las que el consumo de alimentos no ha sido exagerado (no sería el caso, por ejemplo, de una persona que ha consumido grandes excesos de comida en Navidades).
  • Dirigirse al lavabo después de las comidas cuando todo el mundo todavía está en la mesa reposando. Si se le pregunta, se tienen preparadas excusas varias.
  • Preocupación constante en relación a los alimentos: propiedades nutritivas, dietas, calorías…
  • Aumento del consumo de agua.
  • Interés exagerado por las recetas de cocina: se leen, se coleccionan, se cocinan pero no se prueban.
  • Ganas de cocinar y preparar platos, con la particularidad de que se muestra un gran interés en que los tomen los demás y escurrir el bulto (con justificaciones más o menos creíbles) para no tener que comerlos uno/a mismo/a.
  • Comportamientos alimentarios extraños: estar mucho rato manipulando la comida con el tenedor (moviéndola de un lado a otro), realizar siempre los mismos rituales como cortar la comida en trocitos muy pequeños o comer los diferentes alimentos en un determinado orden, esconder comida, etc.
  • En las comidas que sí se hacen, empecinamiento en que los demás coman igual o más que él/ella (nunca menos).

Señales relacionadas con el peso y la imagen corporal

  • Distorsión corporal: se percibe un cuerpo más voluminoso del que realmente se tiene.
  • Miedo o pánico a engordar. A veces se teme llegar a ser obeso/a a pesar de estar muy delgado/a.
  • Utilización de ropa ancha para esconder la pérdida de peso.
  • Pérdida de peso injustificada (la persona está escondiendo aquellas actuaciones que la llevan a adelgazar rápidamente).
  • Provocación del vómito con la intención de adelgazar.
  • Obsesión por pesarse frecuentemente para comprobar el peso o, por el contrario, nerviosismo (incluso pánico) ante la idea de pesarse.
  • Práctica compulsiva de ejercicio físico (normalmente en solitario) con la intención de perder peso y con muestras evidentes de ansiedad en el caso de que no se pueda ejecutar.
  • Ayuno y/o utilización de laxantes o diuréticos sin prescripción médica.

Indicios de cambio en el comportamiento

  • Tristeza, apatía, irritabilidad y cambios de humor.
  • Insatisfacción personal, baja autoestima, quejas constantes en relación a la propia imagen corporal.
  • Atención exagerada hacia los cuerpos delgados, tanto los que aparecen en los medios de comunicación como aquellos que están en el círculo de amistades.
  • Aumento de las horas dedicadas a actividades intelectuales (leer, estudiar…).
  • Disminución de la concentración y del rendimiento (se necesitan más horas de estudio o trabajo para lograr los mismos resultados que antes).
  • Discusiones familiares en torno a la comida.
  • Disminución de las relaciones sociales. Se dan excusas para evitar ir a reuniones sociales que impliquen tener que comer. Pérdida de amistades y tendencia al aislamiento.

Como podéis comprobar existen muchas señales que nos pueden estar alertando de que algo no va bien. Evidentemente, no se dan todas en todos los casos, pues cada persona es diferente y su problema tiene sus particularidades.

Con algunas de ellas basta para empezar a sospechar y tomar las medidas pertinentes para que la persona afectada cuente con la mejor ayuda profesional para quitarse de encima la losa de su TCA.

Publicado en Trastornos de la Conducta Alimentaria | Etiquetado , , , , | 2 comentarios